Estoy resfriada. Ya estaba tardando porque, a estas alturas del verano, debería haberme resfriado unas cuantas veces. Tanto meneo de temperatura es lo que tiene, que soy grande por dentro y por fuera, pero mi cuerpo no resiste cambios bruscos.
Ya me quedan menos días para marcharme a casa, a descansar incluso de mí. Es temprano, aún no sé los resultados del examen teórico; estoy nerviosa. Tengo tanto miedo al fracaso que soy incapaz de lanzarme, aunque a menudo empuje a todo el que se deja. No he dormido nada, así que soy también incapaz de estructurar frases para escribir algo decente y no abandonar el hábito con la excusa de que últimamente no me encuentro con fuerzas. Aunque es verdad.
...me siento como una gata sobre un tejado de zinc y estoy esperando a ver qué pasa, a ver cuándo terminan de explotar las cosas entre Jane y yo. Yo creo que es el calor, ella cree que no terminamos de conectar y eso me entristece... mucho. Mi teoría es que sí conectamos, pero nos negamos a relajarnos; a guardar el hacha, a sacar la bandera blanca, a dejarnos llevar y perder así el miedo. Sólo espero no perderla por esas miserables causas de fuerza menor.
Por otro lado, llevo días nostálgica, echando de menos a mi familia, mi tierra. Cada cierto tiempo me ocurre, para recordarme que tengo que volver unos días a llenarme de abrazos de mi madre y risas con mi hermano. A veces pienso que la gente que tiene cerca a los suyos no lo valora lo suficiente, nunca. Es jodido estar lejos.