miércoles, 2 de marzo de 2011

Vuelta a casa, por Carnaval

Estoy emocionada; vuelvo a casa por Carnaval. Jane y yo vamos a coger nuestro primer avión juntas y me voy a reencontrar con mi familia y amigos. Tengo un disfraz de Lady Gaga gestándose en los laboratorios textiles de mi madre y he cobrado mi primer sueldo completo.
Estoy emocionada, pero esta semana ha sido difícil y he acabado agotada, así que me vendrá muy bien beber, bailar y disfrutar de la fiesta de la carne, trémula y semi desnuda.
La exposición en Torremolinos resultó ser, al final, una experiencia gratificante, como buena antropóloga no reconocida que soy. Descubrí, entre otras cosas, que no soy la única que tiene teorías que pueden parecer desternillantes, pero que no carecen de lógica y que, algún día, quizá pueda dejar de interponerme en mi camino, ya que soy la única que lo ha entorpecido todo desde el principio. Por otro lado, estoy pensando en repetir en Madrid, cuanto más pueda aprender y llenarme de vivencias, mejor, ahora tengo más cosas a mi favor para desarrollarme. Ya no estamos en el patio del colegio, era verdad, pero cuánto miedo he tenido y qué poco he brillado.
Aún estoy a tiempo.
Lo de que la herida se hace una vez, no dos, es cierto. Los golpes duelen cada vez menos, me hago inmune y levanto la vista, porque no me afectan. Me estoy haciendo fuerte; toda esta serie de sucesos desafortunados me han servido de entrenamiento y he desarrollado unos cuantos músculos metafóricos que me ayudarán en lo que me queda de viaje. Ya no tengo el ego de una cucaracha, aunque me sobren kilos y no sepa qué hacer con mi pelo. Estoy segura de que las tornas seguirán girando y antes de que pueda darme cuenta, seré otra persona que me gustará mucho más.
Voy a ser valiente y voy a ser yo.