viernes, 29 de abril de 2011

...

Debería ser un día precioso; es viernes. Debería lucir el sol, hacer una buena temperatura y haber gente paseando o, simplemente, ejecutando sus quehaceres. Pero no. Está lloviendo. Salí de casa pensando que, como el otro día, al final no llovería y yo parecería una papanatas con el paragua, cuando hace un sol de justicia. Así que he llegado al trabajo empapada, pero bastante temprano, con lo cual daré tiempo a que se me sequen los pantalones que, como son de color, parece que no me ha dado tiempo de llegar al wc. Pero sí. Éstas son las cosas que me pasan cuando salgo de casa sin haber sido cubierta con besos, a modo de oraciones protectoras, que me salvarían de cualquier contratiempo, demonio, infraser, que me encuentre durante la jornada. Me lo merezco. Yo siempre asumo los castigos; incluso me quito la razón, si es que la tengo. Odio acostarme disgustada y odio que ese disgusto continúe por la mañana. Odio ser tan idiota. Menos mal que el sonido de la lluvia y Billie Holiday están haciendo que me distraiga un poco del tormento de echarla de menos. Soy patética... Y encima tengo la lengua más sucia del mundo. Mejor me callo y sonrío, que así estoy más bonita.