domingo, 25 de julio de 2010

Guía de desayunos dominicales

Jane y yo tomamos la brillante costumbre de desayunar fuera los domingos. Llevamos tres meses durmiendo juntas y la idea nació casi sin querer, como la misma idea de dormir juntas desde la primera noche que nos conocimos; sí, somos ese tipo de "pareja" relamida, sibarita e independientemente pegajosa desde el principio. Ella lee El País y yo ojeo las fotos del suplemento mientras hago un análisis de reojo a lo que se sucede en las mesas colindantes, en la avenida o detrás de la barra de la cafetería. No quiero que piense que sufro de paranoia, así que no le comento ni la mitad de las jugadas; la dejo que lea tranquila, que saboree los artículos y que pase las páginas de esa forma tan sexy.
Mientras tanto, yo pienso en hacer una guía de desayunos dominicales para los que gusten del en ocasiones placer de desayunar fuera; cómo disfrutar de tu desayuno sin morir en el intento y esas cosas, o algo así. Hemos recorrido la zona buscando comodidad, buen café, precio normal y huyendo de sitios de mala muerte frecuentado por los tres grupos del malestar dominical; veraneantes fachas o maleducados (o las dos cosas), camareros desagradables y niños repelentes porculeros, y en ninguno de los lugares ha dejado de estar presente por lo menos uno de los tres.
Recuerdo con cariño esa cafetería donde solíamos ir en los albores de nuestra historia; no estaba nada mal situada, la decoración me encantaba y además se comía bien... pero al topar con aquel camarero que nos preguntaba entre descaradas risitas "¿Lo cobro todo junto?" o "¿Os habéis despertado ahora?" con esas formas tan impersonales, tan poco gusto por la broma, nos declaramos unas snobs de la plebe y dejamos de ir.
Por otro lado, estaban la cafetería con el camarero de dientes de burro con rabia (lo de rabia es por la espuma que le salía de entre la dentadura) y la de los rayos uva incluidos (porque en aquella terraza, a finales de Julio, era imposible levantarse sin parecerse a Kunta Kinte). La última cata ha sido en una cafetería regentada por guiris, donde se nos sentó al lado el ejemplo perfecto de la involución humana y la causa más evidente del porqué-soy-lesbiana. Mi intención no es parecer una pija a la que no le cabe el pelillo de una gamba por su estilizado culo, au contraire, quien conoce de mis orígenes sabe que no reniego de ellos, que soy medio roja y que estoy a favor de la revolusssión del pueblo, pero echo de menos la educación, el saber estar o por lo menos el saber parecer. Yo juro que intentaba no mirarle la barriga, pero es que llevaba la camisa remangada a modo de top y estaba demasiado cerca como para obviarlo. En ese momento, miro al resto de la manada que lo acompaña y veo que son todos iguales y que el más fino se está hurgando con un mondadientes, y no puedo dejar de pensar en las mujeres (si las tienen) que se acuestan con ellos (con o sin dinero de por medio).
Jane y me dice que no haga caso, que me siente a su lado y lea el periódico con ella, pero me niego y cambio las vistas por una pareja de extranjeros-mochileros jóvenes que llevan consigo una muñeca gitana con peineta incluida. Entonces sonrío y pienso en seguir añadiendo lugares, momentos, sabores, a esta aventura de encontrar un Oasis mañanero cuasiperfecto.