lunes, 9 de agosto de 2010

Limpiaba el agua del río...


El domingo fue un día de descubrimientos; en primer lugar, descubrí que puedo levantarme temprano un domingo. Con la ropa adecuada y el calzado perfecto, me tiré a caminar por el río.
Mishu me había convencido y las imágenes del sitio buscadas en Google terminaron de hacer el trabajo, así que, ilusionada, salté de la cama a ponerme la ropa y a preparar las cosas para la travesía.
Yo nunca he sido gran apasionada del deporte y mucho menos del senderismo; mi teoría era que si lo puedes ver por la tele/internet, ¿para qué vas a ensuciarte? Pero es hora de cambiar hábitos, me lo pide este cuerpecito mío que ayer se convirtió en río. Empecé por dejar la carne, luego el tabaco, más tarde he dejado las noches y los excesos (que no hago ascos a una buena juerga, pero ya no me muero si no salgo un sábado) y es que como ayer me dijo Mishu; "Quién te ha visto y quién te ve". Me alegra haber dejado atrás muchas cosas.
El segundo descubrimiento fue que no necesito arrepentirme instantáneamente de todo lo que creo que he dicho mal o de malas formas. Nadie lo hace, al menos no conmigo. No recuerdo cuándo fue la última vez que alguien se disculpó por algo que me había hecho daño y, aunque sé que eso de ser como los demás no es lo mío, no está mal practicarlo de vez en cuando, que para algo tienen que servirme los palos a parte de para buscar un apoyo en las piedrecitas de la foto.
El camino estuvo lleno de risas, de enfados, de caras sorprendidas, de caras mojadas pero sobre todo, de aire fresco y limpio. Hacer actividades extra-murales con Jane me hizo casi olvidar los estragos de días atrás, cuando uno de esos conocidos cables (instalados con alevosía y sarna en el cerebro de cada lesbiana) se soltó. Bien es sabido, que cuando uno de esos cables se suelta, libre de raciocinio, salta la chispa y se provoca el caos que, entre dos cuerpos ovuloparlantes (no es por recurrir al argumento machista) puede llegar a desatar comportamientos inhumanos... Pero sólo es el primer round, así que puedo hacer la vista gorda.
La bajada fue lo más costoso; una vez arriba del todo, en las cascadas (preciosas, todo hay que decirlo) comiendo en comunión con mi familia andaluza y con los otros domingueros que decidieron hacer la misma ruta para evitar el colapso costero, los músculos se enfriaron y relajaron y mover el culo después del bocadillo de tortilla, me costó.
Es lo malo y lo bueno de subir; que luego hay que bajar...
Y bajando me lesioné. Hoy tengo la rodilla como dos pomelos (aunque anoche la tenía tan mal que Jane tuvo que ponerme las bragas cuando salí de la ducha) pero he vuelto al trabajo como una campeona, orgullosa por el reto conseguido, decidida a convertirme en una deportista incansable, y de paso remodelar y redefinir mis curvas y rectas como si se tratase de un plan de bienestar para los años venideros. Que ya tengo CIERTA edad y a partir de ahora, la gravedad empieza a hacer mella en todo lo que antes apuntaba hacia arriba.