Tener la regla dificulta las tareas de intentar refrescarse, porque los primeros días es preferible no tentar a la suerte de los tampones, así que me tumbé de nuevo bajo el ventilador súpermegaretro que cuelga del techo de Jane y me puse a ver una peli mientras ella dormía. Cuando eres pequeña no te das cuenta de la mitad de las cosas que ocurren en las películas que ves; una de mis favoritas era Elvira, Mistress of the Dark, por siniestra, por tetas y por
argumento friki (supongo). La veía casi a diario, hasta que no me sabía los diálogos y las coreografías, o se jodía el vhs, no paraba. Ayer la rescaté de los archivos p2p de otro u otra friki, como yo, y disfruté mucho redescubriéndola. Incluso solté algunas carcajadas. Me di cuenta de que empecé muy pronto con la serie B (de la que sigo siendo una apasionada), con las mujeres, con la estética gótica y debo confesar que sentí nostalgia. A Elvira le tengo reservado un lugar muy especial entre mis recuerdos, tanto, que sigo celebrando Halloween como la que más, aunque viva en un país que tome prestado ese festejo sólo para disfrazarse y emborracharse.
Dejando atrás a la señora de la oscuridad, cuento que ayer también sufrí una crisis de necesidad territorial que me arrastró a replantearme mi vida y mis caminos y la gente que está en ellos. Reconozco que tengo que seguir haciendo limpieza pero estamos en Agosto, lo dejaré para el próximo curso.