lunes, 2 de agosto de 2010

Escuela de calor

Despertarse a causa del calor es algo muy desagradable. Anoche sentí que me faltaba el aire y me ardía la piel y no, no eran deseos de bajarle las bragas a Jane y embestirla a golpes con el dedo del amor y del odio... eran deseos de correr hacia la playa y meterme en el agua sin más.

El sábado comprobé, una vez más, que a pesar de los pesares, Torremolinos sigue siendo el mismo antro atemporal de siempre; ese triángulo de las bermudas donde caemos todas incluso después de haberlo desprestigiado tanto como una servidora. Conozco a muchas de mi especie que juran solemnemente con la mano en el corazón (es decir, en el coño) no volver a pisar La Nogalera, pero vuelven después de una ruptura, o para un reencuentro, o simplemente para ver como va el mercado porque, niños y niñas, maricones y bolleras, a Torremolinos no se va por la música, por los infinitos metros cuadrados de sus locales, por la calidad de sus bebidas... alli se va de compra y de venta. A mi me encanta verlo desde fuera, es divertido, pero odio tener que soportar que no quieran invertir en estractores de humo, aire acondicionado, mejora de djs, cuartos de baño decentes; para toda la gente que va, podrían estirarse un poco... Anotaciones mentales-visuales a parte, me he dado cuenta de que cada vez lo paso peor y no encuentro mi sitio en la noche; antes me valía cualquier cosa, me conformaba con beber, fumar y que no pusieran Camela, pero ahora además, necesito estar a gusto y rodearme de gente con la que conecte. Repito, es una necesidad.
Mishu estaba encantada con la idea de salir, hacia tiempo que no trasnochaba, y Jane y yo nos unimos a la causa como fervorosas seguidoras de la ruta del bollycao. Asi que íbamos cantando en el coche, riéndonos, contando batallas y todas esas cosas que surgen en el emocionante momento del camino de ida, sin pensar en que la vuelta siempre es otra historia. Quien me diría que tras 7 COPAS, me iba a quedar tal cual o incluso peor que antes de salir de casa. Mi cuerpo sufrió un rechazo al ambiente, al alcohol, a la compañía, a los lugares cerrados, al humo y, a partir de ahi, todo fue una sucesión de muecas que intentaban ser sonrisas.
Ya no estaba a gusto en esa charca llena de excrementos donde tiempo atras me gustaba retozar, ya estaba fuera de sitio, aunque de eso ya me había dado cuenta en otras visitas, así que hice lo posible por no aburrirme y no aguarle la fiesta a nadie (aunque se me da muy mal fingir) y cuando llegó la hora de marcharnos creí ver a jesucristo, ala, buddha, maoma, y el resto de dioses a los que invoqué desesperada. En el camino de vuelta, yo también me puse la mano en el corazón (es decir, en el coño) y juré solemnemente no volver nunca más... Me hago mayor, me lo tengo dicho.

El domingo, Jane y yo fuimos a cenar a un restaurante nuevo (que me encanta) después de pasar el dia juntas, tiradas en la cama como dos puerquecitas, viendo pelis y haciendo tiquitiqui, como ella dice. Así que en el último dia de la semana, logré desintoxicarme de la mugrienta sensación de "despertenecer" a las cosas, lugares, personas del pasado.

Hoy me han dado los análisis de sangre y resulta que son mejores que los de hace dos años; que no tengo anemia, que tengo el colesterol perfecto, el hierro, las plaquetas, los niveles de glucosa y que mis glóbulos no son verdes, sino más sanos y limpios y... me han felicitado por llevar UN MES Y MEDIO SIN FUMAR.