viernes, 30 de julio de 2010

Big girls like me...

Llevo algunas noches acostándome con el modo reflexivo encendido y me levanto como si hubiese abusado del prozac. En la cama es donde se me ocurren esas maravillosas teorías que no suelo compartir para no contagiar de inteligencia a los demás...
La última adquisición como paja mental ha sido: "Si quieres saber si alguien es realmente guapo, imagínatelo en blanco y negro y si de esa forma lo es, es que en realidad (es decir, en technicolor) lo es."
Hoy me he dado cuenta de una cosa, me lo han confesado los horrorosos espejos y las patéticas luces de los probadores de las tiendas de ropa; ESTOY GORDA.



Empiezo a sudar como una cerda tras comprobar, con desilusión y asco, que la talla máxima es la 40 y que en realidad no es una 40, que seguramente sea unas cuantas tallas más pequeñas porque es imposible que yo no pueda meter mi culo en esos pantalones que, por cierto, llevo tiempo buscando. No tengo el culo precisamente pequeño pero es imposible, joder. Miro las tallas 34 y 36 y me imagino a unas escuálidas muchachitas al borde de la inanición seleccionando la ropa que quieren porque se pueden meter en todos sitios, sí, como las cucarachas.
Hasta los 15 tuve dos espaldas, todas mis amigas se desarrollaban y yo... yo me mantenía como si tuviese 10 añitos y, de repente, me sale todo el cuerpo así, sin más, y tengo que acostumbrarme a medir más de lo habitual y a pesar en relación a la medida.
Total, que me he tenido que ir a la típica tienda a la que vas cuando ya lo das por perdido en el resto y, por suerte, he encontrado unos vaqueros que me gustan mucho por 5,00 €... Sí, sé que tengo que perder unos kilitos, pero las fábricas textiles deberían hacer las tallas un poquito más reales.