Necesito ponerle música a todo lo que hago; está claro que tengo algunas excepciones por puro protocolo, pero en la mayoría de los casos, si no suena la música fuera seguro que suena dentro. Creo que tardo tanto en procesar la información porque tengo los sesos llenos de canciones. Qué idea tan romántica. Pero es cierto; yo pongo la banda sonora, me vino integrada de serie. El viaje en guagua ha sido un poco desagradable por haberme dejado el mp4 en casa, ahora que lo había cargado de temazos chupigays para venirme arriba, y he tenido que soportar la conversación de dos chinas con voz de pito por delante y dos inglesas de mediana edad por detrás que no paraban de sacarle el pellejo a sus maridos, por cierto (es lo que tiene hablar y entender otros idiomas). No se me volverá a olvidar mi preciado reproductor.
Hoy me he mentalizado, de verdad de la buena. Voy a empezar a cuidarme más y no voy a poner como excusa todas las tormentas que estén por venir, o que sea domingo, o que sea navidad (o cualquier otra ocasión para comer como bestias) o que estoy profundamente deprimida y me da igual mi cuerpo. Quiero tener una rutina deportiva que me haga soltar el veneno, los perros, los demonios, y me deje fuerte, relajada y preparada para la guerra, sin perder peso estrepitosamente ni hacerlo obsesionada con ese fin.