Sé que no voy a escribirlo todo en la misma entrada, que me voy a dejar muchas cosas atrás pero intentaré ir, poco a poco, reconstruyendo lo sucedido. No es una promesa, este año no las hay. 2011 es el año de la sinceridad, de la valentía y la indiferencia. Se acabaron el miedo a volver y a perder, la tristeza, el drama y las 20 mil vueltas a las cosas. También es el año de la simplificación y la metamorfosis. Para empezar, sólo diré que la navidad fue tal y como me esperaba e incluso mejor; que no he podido ser más feliz esos días, pese a notar bajas relativamente importantes, y que la distancia ha hecho crecer y florecer en una tierra que dejé yerma al marcharme.
Esto no es tan interesante como cuando dolía, eso seguro, pero si me puse de rodillas implorando ayuda extrasensorial y se me concedió sé que tengo que pagar con forma de cuatro misas dominicales. Sea lo que sea y dure lo que dure, por lo menos estoy aquí, ahora, y yo cumplo con mis ritos y con mis deudas.