jueves, 27 de enero de 2011

Reflexiones desde el mostrador. Vol I

Tengo una ventana al mundo en el escaparate y puerta del sitio donde trabajo. Pasa de todo, todos los días. Hace poco me distrajo del "aburrimiento", causado por la finalización del mes y la baja venta como consecuencia, un ruido que resultó ser el de unas esposas que se cerraban sobre las manos de una muchacha preciosa, bien vestida, menor que yo y probablemente del Este.
Me detengo a examinar la pisada, a veces vacilante, de los que caminan hacia un lado y hacia el otro con bolsas, carros, niños y muchas capas de abrigo. Podría decir que el 70% anda mal, arrastrando los pies como poco. Nunca me había fijado en eso y tampoco había caído en la cuenta de que cada caminar acompaña a una cara; sólo con mirarles a los pies, ya sé la expresión que pueden llevar reflejada en el rostro.
Frente al establecimiento donde estoy empleada, hay una conocida franquicia de chucherías. Caramelos, gominolas, frutos secos, globos y palomitas, cuyo olor ya casi me pasa desapercibido. Tiene guasa, aunque por suerte no soy diabética. Aún así, hago de tripas corazón, o conciencia, y me limito a comer lo que traigo en el tupper cada mañana, hecho la noche anterior y, por lo tanto, frío como un p... muerto. Pero no me quejo; soy feliz. La estabilidad laboral es muy importante. Es cierto eso de que eres un pelele decrépito, con todos mis respetos a los parados, cuando no tienes trabajo. Se pasa fatal, se pierde la ilusión y la ansiedad y la desesperación acaban por trastornarte. Tres meses, pone en el contrato, aunque espero que me renueven. Yo voy a poner lo mejor de mí, como siempre. Dije que este año era el de las sonrisas, este año es el del cambio y voy a empezar por la mujer del espejo.