Estoy convencida de que no quiero compartir mi vida, o un gran rato de ella, con alguien que se parezca mucho a mí, sino todo lo contrario; sé que cuanto más diferente sea, más me atrapará. Yo me harto de mí misma muy pronto y eso que, durante un tiempo, fue bonito y todo, pero no funcionó, por eso me autodesconecto a ratos. De todas formas, por suerte o por desgracia, me ha tocado aguantarme y resignarme a acompañarme durante todo el viaje, pero la persona que me siga en el trayecto, o por lo menos durante un gran rato de él, no tendrá nada en común conmigo. Exceptuando el género.
Cuando conocí a Jane, no tenía ningún interés en dedicarme a descubrir a alguien; da bastante pereza eso de tener que adentrarse en la superficie para luego ahondar y, otra vez, acostumbrarse a los ritmos, las pausas y ademanes de otra persona, pero cuando entré en su universo quise quedarme. Jane es una persona preciosa. Tiene sus días, sus manías y sus menstruaciones, pero no hay ningún demonio masónico en su interior. La veo a través de su piel y todo lo que hay es luz, porque Jane no es un miserable ser humano. Ojalá pudiese contarle todo lo que sécreopienso sin que quisiera ponerme una camisa de fuerza o llevarme a un hospital mental. De verdad que, con todo lo que he vivido, no pensé convertirme en alguien tan espiritual. Y por espiritual no me refiero a que me siento durante diez días a meditar bajo un árbol, o que me salen estigmas o que hablo con dios a menudo, sino a que estoy en conexión, involuntariamente, con mi yo superior y las energías que me rodean. Creo que me acerqué a ella por eso, por las energías. Me atrajo y me lancé, pero no eran unas energías como las de otras veces; por eso no la desnudé para follar como salvajes la primera noche que me quedé en su casa. Me senté a su lado, vimos una película, hablamos y, antes de que amaneciese, nos besamos, pero no llegué a mi casa frustrada por una noche de derrota sexual; no era porque no hubiese química, ni deseo. Simplemente no pude reaccionar porque me quedé pendiente a otras cosas.
Quería conocerla y que no quedase todo en eso, en un lío físico que no dejase paso a nada más y, ahora que lo he hecho, sé que Jane y yo somos diferentes. Hice una campaña exhaustiva para convencerla de todo lo contrario, expuse una argumentación mitad racional mitad emocional, pero está claro que no es así y me alegro. Las aportaciones, que son causa de las diferencias, me enriquecen y optimizan mi punto de vista sobre las cosas. Si tuviese al lado a alguien que pensara como yo, no evolucionaría ni contemplaría otras formas de ser y de razonar. Yo agradezco que Jane me enseñe tanto con todo lo que nos separa ideológicamente, por ejemplo, y al mismo tiempo, sé que ella puede aprender de mí (vale, aunque sea muy poquito). Es cierto que tenemos cosas en común que son tan banales como gustos musicales, literarios e incluso gastronómicos pero lo que nos une, al final, es el amor y la complementación y, sinceramente, eso siempre es mejor que todo lo demás.