lunes, 13 de junio de 2011

Cuando todo el mundo se llama Jane

Están soplando vientos; fuertes vientos que intentan arrasar con todo, pero he construido un refugio y en él intento guardar mis tesoros. Están soplando vientos y, aunque me doblego por su fuerza, no me derrumbo, ni me dejo arrastrar a otro sitio. Permanezco inmóvil, con los ojos cerrados y los puños apretados, esperando que pase el vendaval. Mientras tanto, ha llegado ella.

Se llama Siena, tiene tres meses y una necesidad imperiosa de afilarse los dientes con todo lo que encuentra. Es una niña traviesa y consentida que disfruta corriendo por la urbanización y coleccionando animales muertos, piedras e insectos. Es un poco macabra, pero tiene a quién salir. Cuando la fuimos a buscar no esperábamos encontrarla, pensábamos que ya se había marchado con alguna familia. Jane se emocionó con lo de estar allí adoptando a un cachorro que buscaba casa y la verdad es que yo también; era algo así como un compromiso real. Estamos tan sensibles que, a ratos, parecemos una pareja de mariquitas, en vez de una de bolleras, pero es lo que tienen los estrógenos; que dios los cría y ellos se juntan. Últimamente todo el camino ha sido una cuesta, sobre todo para ella, pero no quiero compadecerme sino luchar. Así que por eso sigo aquí, pese al temporal. Cuando todo el mundo se llama Jane, es por algo.