miércoles, 13 de julio de 2011

El miércoles está en el medio. Mañana veré, otra vez, cómo colocan los puestillos en el mercado y me alegraré porque será la señal de que es jueves y la semana va terminando. Por la mañana, cogeré la moto hasta ese sitio que no es mi casa, pero donde guardo mis cosas, y por el camino oleré a campo, a estiércol, a frutos podridos que se han dejado caer y no se han recogido. Los mosquitos se estrellarán contra la visera de mi casco y no pasaré de 30 para que los semáforos no se me pongan en rojo. El placebo de esta semana es que la semana que viene vuelvo a un sitio donde fui muy feliz pese a estar a las puertas de una situación infeliz. Las playas de Cádiz no son las de Canarias, pero me conformo porque están limpias y es lo más importante; además, estaré a orillas del Atlántico, como cuando estoy en casa, y pienso encender el modo croqueta y revolcarme, desvergonzada, hasta que el bikini no pueda almacenar más arena. Ya hace un año que estuvimos allí, con la sonrisa del pavo puesta casi todo el tiempo y el guapo subido por las horas de sol y relax. Recuerdo a Jane preciosa, mojito en mano, dejándose fotografiar por mí. Dicen que donde has sido feliz no vuelvas a ir, pero esta vez es necesario, porque los ciclos hay que cerrarlos y yo creo en las señales. :)