sábado, 17 de septiembre de 2011

Dream on

Nada me gustaría más que estar apoltronada en mi sofá, tranquila, en mi loft con vistas al Central Park, escuchando algo de jazz del bueno, en vinilo, del antiguo; de ese que cantaban aquellas negras de voces tan inmensas como sus cinturas. Disfrutar de una copa de vino, o una cerveza en su defecto, y relajarme antes de vestirme para salir a comerme un bocado de la gran manzana. Trasnochar en algún garito de moda, donde se reuniesen bohemios y soñadores llenos de tatuajes y con estilismos imposibles y donde pudiese entablar una conversación interesante más allá del tiempo y la crisis actual. Pero en lugar de eso, miradme, esto es una broma del destino; soy y hago todo lo que una vez odié, pero me lo tomo a guasa cuando procede. Como hoy. Por eso la broma del loft aunque, quién sabe, bolsillos más pobres se llenaron de oro. Aún estoy a tiempo de convertirme en alguien, pero no en alguien de este país de mierda con gente y política de mierda, sino en alguien de verdad; a otros niveles espirituales, intelectuales y monetarios. Siempre tuve la extraña sensación de haber venido para hacer algo grande y sé que estoy retrasando el momento pero pronto, inevitablemente, sucederá. Aunque ahora esté maldita y sea una impedida evolutiva, tras este mostrador donde me vuelvo conformista y prudente y me esté transformando, vertiginosamente, en una comedora compulsiva, una yonqui de la glucosa.