Con el terror de los días que corren, pisándome los talones, sólo necesito un abrazo sincero. De verdad. He rezado a todo lo que no veo pero conozco y seguro que me harán ese favor. Es una buena humana, pensarán, vamos a echarle un cable, o setecientos. Porque sí, yo rezo, aunque me veáis ausente perdida en un escaparate o en la luz de una lámpara. Aunque no lo haga al pie de un crucifijo, o en una hermosa sinagoga, o de rodillas a la Meca. Ahí estoy, invocando a mis ancestros del modo más romántico que sé, aunque me deje la sangre y la saliva en ello, para que den luz a la situación y a la persona. Soy así de simple, aunque abandonéis el combate por parecer complicada. De complicaciones tengo yo un manual de emergencia que estoy convirtiendo a versión bolsillo, para llevarlo a modo de biblia en ocasiones de máximo riesgo. Paso de las novelas rosa, de verdad, los manuales de supervivencia tienen el éxito asegurado. Y mientras, siguen sonando las canciones porque ellas no tienen años, ni tiempo, y les da igual que nos rompan por dentro porque en ese momento tengamos una partitura parecida.
Puedes darle al stop pero sabes que no es suficiente, porque a veces es como si hubieran pensado en nosotros para escribir la letra.