No elegí vivir en un país tan naif, derechón y moralista. No estoy hecha para esto; mi carne no está hecha para los cerdos, como el caviar, aunque esté sobrevalorado. No soy feliz en un sitio con tan poca vergüenza y educación; tanto mariliendrismo y comadrismo. Y encima, ahora, gobierno castrador. Se acaba la libertad, amiguitas y amiguitos. Se acaba porque es un lujo.
La libertad, que tan sólo nombrarla hace rasgar vestiduras y suspirar profundo. La libertad que ha causado tanta muerte y tanto desastre ahora se esfuma, para vendernos a Europa como borregos a merced de la oratoria de un coño feo que habla, sin cortarse un pelo, la misma lengua que Lorca.
Yo me llevo las manos a las tetas y a los rizos y grito: ¡A mí la emigración!