Algún día contaré la historia, lo prometo. Es digna de contar, pero necesito permiso y estructurar bien los hechos para que se pueda disfrutar de su lectura. Hasta entonces, seguiré escribiendo las cosas (estúpidas o no) que me suceden a diario aunque nadie las lea; esto es como ponerse falda con un pantaloncito debajo, pero bueno... yo salto sin red cuando me da la gana.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Anoche me despertaron unos individuos haciendo ruido en el césped. Eran las 2.30 de la mañana y yo casi no podía abrir los ojos, pero como tengo un oído tan condenadamente fino, escuché todo el trapicheo que se traía aquel trío formado por una rubia oxigenada y dos maromos de dudosa nacionalidad. No sé qué estarían haciendo, ni las intenciones... pero ya me pude hacer una idea.
Tras comprobar que iban demasiado borrachos como para que me agrediesen físicamente, me abracé a Jane y me volví a dormir.
Esta mañana he ido a que me den el certificado médico que me convierta en apta para conducir un ciclomotor, lo he entregado en la autoescuela, después de hacerme también las fotos pertinentes para añadir a los documentos y, he de confesar, que tras unos segundos observándolas, me he gustado más de lo que me gustaba hace unos años. He mejorado como el buen vino, ya me lo dijeron una vez. Ya no hay nada de aquella friki asustadiza, tímida, que no hablaba ni para decir que le dolía. Ya no. Lo mejor es que no se me notan demasiado los años que tengo, lo peor es que se me notan los kilos que he adoptado tras cambiar el cigarro por la ingesta casi masiva de glucosa y grasas saturadas...
Ahora sólo tengo que esperar que me llamen para hacer el examen y terminar de comprobar si, de verdad, soy capaz de memorizar dos millones de títulos de canciones, pero no de contestar correctamente veinte preguntas para que me den la validez de manejar un Vespino.
...redescubriendo a Devendra Banhart.