Mishu y yo hablamos mucho últimamente; mantenemos unas conversaciones que no son profundas del todo hasta rozar el "frikismo", pero sí bastante entretenidas metafísicamente.
Charlamos sobre las relaciones humanas, lesbianas más concretamente, y siempre sacamos una conclusión como quien saca un tesoro del mar y se enorgullece de lo que ha encontrado. Así que, cuando paramos, nos miramos a los ojos y nos sentimos unas afortunadas cabezas pensantes; podrían aniquilar al resto porque nosotras somos las más listas, inteligentes, cultas y conocedoras del mundo mundial.
El otro día hablamos del principio de las relaciones, más comunmente conocido como "ese mariposeo estomacal, ese tonteo, ese... qué-sé-yo-que-me-da" y reconocimos que, en realidad, dura menos de lo que pensábamos. Mishu dice que, con el tiempo, aprendemos a querer a nuestras parejas con todos sus pros y sus contras, que no podríamos pasarnos la vida buscando siempre sentir ese cosquilleo del comienzo porque seríamos unos infelices, aún más infelices que estar con una persona a la que queremos, pero de la que ya no estamos enamorados... y me comentó que existe una estadística en la que se refleja que 1 de cada 5 personas no ama a su pareja.
Yo le dije: - Quiero ser como una abeja... Ella sonrió.
Y yo seguí pensando en lo de ir de flor en flor en busca de ese vértigo, esa aceleración de pulso, esa adrenalina disparada desde un simple gesto... pero todo eso cansa y desestabiliza porque no es el curso normal de lo que ha de suceder.
Yo creo que es otra de las aplicaciones que tienen las leyes de Murphy, "deseas algo pero cuando lo tienes, ya no lo quieres"... y si lo sigues queriendo, ¡qué suerte y qué aburrimiento!