miércoles, 11 de agosto de 2010

Una metáfora

Este es uno de esos viajes y lo temo.
Por no llevar, no llevaré ni mi sombra; que se quede en vuestro suelo para que nadie lo pise en mi ausencia.
Os juro que ya no abuso de ninguna sustancia, que puedo caminar sobre cualquier línea sin perder el equilibrio; porque estoy sobria y soberbia y este es mi acto más importante.
Os juro a todos que tengo las manos limpias y el corazón en una caja, y que ya sólo uso las fortuitas desconexiones de mi cerebro para evadirme de las ideologías de los desgraciados de todos los días.
Tengo los bolsillos vacíos de armas y quehaceres y aún me queda medio latido latiendo. Este es uno de esos días en los que me amarraría a vuestros brazos para derretirnos en la recta final de los soles de este mes maldito.
¿Y se supone que tengo que estar contenta por marcharme? Si arrastro un nombre en mis labios, unos dedos sobre mi aliento y ese pájaro de la desconfianza sobrevolando mi corona.

Ahí está mi castillo; sólo son ruinas, pero también son vuestras si las queréis.