Estoy empezando a dormir mal y las mañanas, a veces, son eternas. No quiero parecer pesimista, pero se me agotan la paciencia y las fuerzas y me hago presa del desánimo muy rápidamente.
Me duelen mucho las manos; por la noche es insoportable el más mínimo movimiento.
Esto no me está gustando nada.