miércoles, 20 de octubre de 2010

Home sweet home

Ha sido un día productivo el de hoy. He empezado la mañana poniéndome el chándal y caminando, casi a trote, por mi querido y adoptivo paseo marítimo. Una hora después, estaba en casa preparándome el desayuno mientras escuchaba las noticias y cuando terminé, me metí en la ducha. Sin prisas pero sin pausa, me he vestido decentemente para lanzarme, un día más, a la calle en búsqueda de trabajo. Las cosas se están poniendo muy feas, realmente feas, pero yo todavía tengo mi pequeño granito de arena para aportar a la gran montaña de las oportunidades.

He devuelto unos objetos que me hacían estar vinculada a personas a las que ya no quiero incluir en mi lista de felicitaciones navideñas y luego he ido a comprobar que la selección de candidatas de mi última entrevista laboral sigue en su proceso. También compré unas cosas para la casa (me pillaba de camino) y luego cogí el tranvía para llegar a mi hogar DULCE hogar.

Abro la puerta, todo está en silencio. Sólo oigo a los pajarillos que, probablemente, veré cuando suba las persianas, ya que las ventanas dan directamente a un pequeño jardín que tiene unos enormes árboles a los que me encanta mirar cuando llueve. Esta es mi humilde idea de la paz interior; llegar a casa y no encontrar a nadie dando voces o haciendo preguntas incoherentes o molestas. Todavía mejora cuando llego y la encuentro a ella. Es bonito estar enamorada, excepto por la cara de imbécil y todas estas palabras que están a punto de provocar el empalago de quien las lea.




Este mes se cumple el 44 aniversario de la creación del partido Panteras Negras (Black Panther Party) y aunque yo no creo en la supremacía de una raza, sí lo hago en la rebeliones porque son la raíz de la evolución. Un pequeño logo, como pequeño homenaje.