Estoy familiarizada con la lentitud en los procesos de los logros de mi vida; todo tarda tanto en llegarme que, cuando finalmente llega, ya he olvidado lo que valía. Es por la misma razón por la que pierdo el interés, cuando lo tengo todo sujeto y ya no recuerdo que tengo que mantenerlo amarrado por lo que me costó conseguirlo. Es raro. Así soy yo; intento sabotear mis intentos de ser feliz, de ser alguien, de tener algo. Pasar demasiado tiempo infravalorada no arregla las cosas, pero ahora ya no soy ese público de uno que aplaude las aventuras y desventuras de un personaje incalificable, ni la hija que se deja marchar a su suerte tras cortar el cordón umbilical a ciegas. Tengo a alguien que confía en mí, tal vez incluso más que yo y, aunque eso no me haga perder el miedo, es una palmadita en mi espalda; un soplo de brisa a favor frente a todo el viento en contra. No quiero acomodarme, pero estoy aprovechando todo el calor por si me llega el invierno.
Me encanta descubrir música... La quiero tener toda, es mi absurda ambición.
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