Estar en el centro de Málaga me produce un bienestar que soy incapaz de describir con simplicidad; tengo que maquillarlo exageradamente todo por la excitación que genera en mí moverme entre las masas. Gente de todo tipo, mucha gente y tráfico. No puedo evitar sonreir; soy rata de ciudad, me gustan los escaparates, las aceras anchas, las tribus urbanas haciendo representación y las cafeterías rebosantes y ajetreadas.
La decoración navideña hacía acto de presencia en la calle Larios cuando doblé la esquina esta mañana, me sonaba Diana Krall en los oídos y había un vikingo que me hacía sonreir desenvainando una espada.
Pese a todo lo agrio de las primeras horas, esta mañana tenía ganas de sonreir. Sería por la ciudad, que sin ser la mía consigue dejarme encantada y sumida en la placentera sensación de andar por casa.
De camino a mi intrépida búsqueda de empleo, me paré frente a una administración de lotería y al quitarme los auriculares, pude reconocer The winner takes it all (El ganador se lo lleva todo) de Abba, que provenía del interior del establecimiento. Volví a sonreir. Me encanta soñar y creer que pueden ser señales, así que compré una participación porque nunca lo he hecho antes y ya va siendo hora de dejar de desear que me toque el premio sin haber jugado, no es justo.