Antes de empezar el texto, necesito a Ella. Me relaja y hace que fluyan las palabras.
Hoy iba a ser un día más; amaneció, subí las persianas, desayuné viendo las noticias y me dí una ducha matutina escuchando Radio 3, como de costumbre. No iba a ser un día de señales, ni sarcasmos, ni revelaciones musicales, sólo tenía que ir al ginecólogo a que me revisara los bajos y luego pasaría la mañana dejando currículums por la capital de mi queridísima costa del sol. Punto.
LIKE A VIRGIN.
Quiero dejar constancia de que acudo a las citologías desde la primera menstruación, una vez al año, a lo sumo cada dos, y que jamás ha habido ningún tipo de problema cuando han llegado las preguntas de rigor. Bien. Yo asumo que tengo que prepararme para la ocasión, es decir, depilar, hidratar, perfumar, porque, entre otras cosas, practico mucho la empatía y no se me olvida que mi madre me enseñó que las señoritas no van por la calle con unas bragas viejas, ni sucias. Así que voy hecha un pincel y me siento entre las demás féminas, que esperan con piernas cruzadas y cara de sueño a que la enfermera vaya nombrando para pasar a consulta. La seguridad social tiene estas cosas, que lo mismo entras antes que pierdes el día. Yo, como tengo tanta suerte, entro antes de mi hora. Qué bien. Hay una doctora de mediana edad que me dice que tome asiento mientras busca mi ficha en un ordenador que debe ser por lo menos de principio de los sesenta y me pregunta que si me he hecho citologías anteriormente. Sí, claro que me la hice, pero perdieron los resultados, porque esto es otra de las cosas que tiene la seguridad social; que somos mucha gente. Tras abrirme una nueva supuesta ficha que acogerá los resultados de la exploración de hoy, la enfermera toma nota de mis respuestas en un papel que también debió ser impreso a principio de los sesenta.
Enfermera que se parece a Dña. Croqueta: ¿Cuándo fue la última regla?
Yo: Hace dos semanas.
Enfermera que se parece a Dña. Croqueta: ¿Mantienes relaciones sexuales?
Yo: Mmmm sí.
Enfermera que se parece a Dña. Croqueta: ¿Qué métodos anticonceptivos utilizas?
Yo: Ninguno. No los necesito.
Enfermera que se parece...: ¿Y eso?
Yo: No tengo relaciones heterosexuales. No las he tenido nunca.
Y aquí llega el momento en el que enfermera y doctora se miran fijamente a los ojos para mantener una conversación telepática de la que yo, que soy muy lista, me percato enseguida:
Enfermera: ¿Relaciones heterosexuales?
Doctora: Se refiere a que no se acuesta con hombres, creo.
Enfermera: Vamos, que ésta es tortillera.
Doctora: Sí, no lo parece, pero lo es.
Enfermera: Aaaah... Qué asco. ¿Eso cómo puede ser?
Doctora: ¡Sshhh, que nos está mirando y hay un silencio incómodo!
Recalco muy bien eso de que soy una pura sangre, que no he conocido varón, para que no den por sentada una heterosexualidad caduca, sino que tomen conciencia de que hay algunas mujeres que deciden ser exclusivamente amadas y, por ende, tocadas por otras y que no pasa nada porque mi aparato reproductor no se cierra en banda por no recibir a un hombre abriéndose paso a golpes de cadera. Hoy me han dicho que me equivoco. Que esa teoría mía sí que está caduca y que clínicamente (he jugado a quitar la L para dejarlo en cínicamente) soy virgen. Esta mañana cuando me miré al espejo no pude suponer que me harían algo así como la prueba del pañuelo que, por desgracia, le siguen haciendo a las chicas de etnia gitana. Abierta de piernas, con la cara de póker (popopopoker face) de la doctora demasiado cerca de mi clítoris y la enfermera sujetándome una rodilla en plan padre Merrick, ví cómo aquel aparato, que se asemeja al pico de un ave, pretendía entrar bruscamente en mi cuevita del amor sin un beso, una caricia, un gesto amable o, por lo menos, algo de lubricante. Pedí entonces, presa del pánico, una herramienta más pequeña, algo que causó la carcajada malévola de las dos hienas que contemplaban, sin merecerlo, una de las maravillas no reconocidas de este mundo y que, al mancharse de rojo, provocó la marcha atrás, no sin antes recordarme el proceso natural que no hay que interrumpir si no quiero sufrir en mis visitas a planificación familiar. Sí, hoy me han revelado que, a parte de ser estrechita, tengo que ser empalada por un tío para padecer cáncer de cuello de útero, porque de otra forma es imposible. Las lesbianas no necesitamos citología. Le bollominí, dé puán.