Es curioso; cuando abres una caja del pasado, puede salir cualquier cosa y revolverlo todo, por lo menos durante un rato. Creo que con sólo una canción se puede recordar toda una época. Yo incluso puedo olerla; sé cómo olían todas aquellas horas y notas. Eran momentos, con nombres y apellidos, que ayer se abrieron paso entre la memoria diaria y un montón de lagunas en las que ya no soy capaz de bañarme. Ha pasado mucho tiempo desde que no veo la luz del sol derramándose por las paredes de mi cuarto, queriendo entrar a toda costa pese a mis intentos de apresarla en las persianas. Ahora no hay sombras, soy una mujer con la cara descubierta, o debería serlo, y estoy demasiado llena de música como para proyectar una voz desafinada y estropear la partitura.
Así que sigo prefiriendo el silencio, aunque incomode. Hay cosas que no cambian y hay estrellas que nunca dejan de brillar, aunque estén demasiado lejos y me parezcan diminutas. Hoy brindo por el pasado, para que nunca deje de estar presente.