miércoles, 2 de noviembre de 2011

Noviembre, dulce

Empieza Noviembre. Recuerdo que el año pasado por esta fecha hacía más frio y yo era una infeliz. Había que hacer ese apunte final, por supuesto, porque ahora no lo soy tanto y eso es buena señal. Digo que no lo soy tanto porque todo puede mejorar y estoy llena de esperanzas de que eso suceda, no porque sea una inconformista en cuestiones emocionales y una pesimista confesa. Aclarado pues, este nuevo mes deja atrás la celebración de Halloween que, tengo que decirlo, este año no fue como esperaba pero no estuvo nada mal. Bailé y bailé hasta que los tacones destrocé y ahora tengo unas ampollas en los pies que me recuerdan que tengo que empezar a comprar zapatos de calidad, no sólo venderlos. Que me quiten lo bailao, nunca mejor dicho. Noviembre deja atrás a Octubre, que fue donde descubrí que me gusta cocinar porque, entre otras cosas, me relaja y me distrae y la verdad que no se me da nada mal. Fui a comprar un peso y todo para mis creaciones de repostería en microondas, consultando foros, guardando páginas en favoritos y hasta dando mi toque personal a las recetas. El estómago lo está agradeciendo. Cremas de verduras, lentejas; comidas consistentes pero sanas, que es lo que necesitaba. Una cosa menos por hacer, perdido el miedo a los fogones. Noviembre es el mes que precede mi mes favorito, el último del año. Algunas tiendas de la galería comercial ya tienen los adornos navideños puestos y, la verdad, va llegando ese olorcillo a fecha entrañablemente familiar que me encanta. Estaré en casa por navidad este año, otra vez y gracias, a quien quiera que corresponda. Nada me hundiría más que cenar en noche buena lejos de mi madre y de los míos, a los que necesito cerca por lo menos un par de veces al año para desintoxicarme de eso, de gente tóxica. Ellos son la medicina y la prioridad más clara, definitivamente. Lo demás es opcional, lo demás va y viene y por el camino me entretiene.