viernes, 4 de noviembre de 2011

Shiny shiny, shiny boots of leather...

Las tormentas me ponen cachonda, es un hecho inevitable. El estruendo de los truenos, las luces imitando a los flashes fotográficos de un voyeur sentado sobre las nubes y, por encima de todo, la lluvia, que moja todo lo que toca como si lo besara con lengua. La lluvia, como la lengua, puede ser tan pura como sucia; puede lavarnos o ensuciarnos, según se mire. Esto es una introducción para relatar mi estado de ánimo de hoy porque, cuando llueve y hace frío, me pongo nostálgica y sádica a partes casi iguales; así que por curiosidad he ido en busca de la existencia de la #mazmorra y, en efecto, ahí seguía. Soy consciente de que ser tan joven y haber vivido tanto puede levantar la sospecha de la mentira, de una vida inventada a falta de cosas interesantes que contar como método de cortejo. Pero ¿para qué mentir sobre algo que pueda afectar mi imagen pública? ¿Por qué engañarte si eso va a hacer que te pierda como amigo, novia, etc.? Sí, es verdad, también he tenido ese tipo de inquietudes, por qué negarlo, porque todo lo sucio y oscuro tuvo sentido alguna vez en mi vida y reconozco que, de vez en cuando, aún lo tiene y, en este caso, la #mazmorra me hizo ver lo inexplicable pero tolerable del ser humano. Aclaro que nunca quise ser dominada, tampoco quise dominar a nadie; simplemente me pasé por allí a ver, a escribir y a fantasear con otra identidad, otra vida casi imposible de tener porque está más allá de las fronteras del placer sexual. Me sentí atraída no sólo por la mágica estética del látex, del cuero y del acero, que en esa época se le podían añadir sin problema a mi vestimenta siniestra, sino por los códigos de conducta, respeto y educación que aquella gente se procesaba.



Leí a Sacher – Masoch, vi Historia de O, escuché The Velvet Underground y hablé con gente no tan perturbada que tenía un estilo de vida ajeno a su trabajo, su familia y su credo y tuve la idea de que, en realidad, todos funcionamos así; formamos guetos en cuanto a nuestros placeres e intereses, aunque no nos demos cuenta ni seamos conscientes de quiénes integramos los grupos. Me dijeron una vez que acabaría relacionándome con gente exactamente igual que yo y lo dudé en su momento y lo dudo ahora pero, mientras tanto, creo está bien mezclarse con cualquier piel e incluso bajar a las cloacas de la moralidad social para ver que hay un espejo para cada uno de nosotros.